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viernes, 25 de julio de 2014

Un banquero de inversiones americano estaba en el muelle de un pueblito costero mexicano cuando llegó un botecito con un solo pescador. Dentro del bote habían varios atunes amarillos de buen tamaño. El gringo elogió al mexicano por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo le había tomado pescarlos. El mexicano respondió que sólo un poco tiempo. El gringo luego le preguntó por qué no permanecía más tiempo y sacaba más pescado? El mexicano dijo que el tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia. El gringo luego preguntó, "pero qué hace usted con el resto de su tiempo?" El pescador mexicano dijo, "duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora María, y voy todas las noches al pueblo donde toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida ocupada y amena. El gringo replicó, "Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte. Deberías invertir más tiempo en la pesca y con los ingresos comprar un bote más grande; con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes; eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador; eventualmente abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este "mugroso" pueblo e irte a Ciudad de México, luego a Los Angeles y eventualmente a Nueva York, donde manejarías tu empresa en expansión". El pescador mexicano preguntó, "¿Pero, cuanto tiempo tarda todo eso?". A lo cual respondió el americano, "entre 15 y 20 años". "¿Y luego qué?, preguntó el mexicano" El "americano" se río y dijo que esa era la mejor parte."Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás Rico, tendrás millones.” “Millones… y luego que?” El gringo respondió, "Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, ir todas las noches al pueblo donde podrás tocar guitarra con tus amigos, libre de preocupaciones". El mexicano respondió, ¿acaso no es eso lo que tengo ahora? MORALEJA: Cuántas vidas desperdiciadas buscando lograr una felicidad que ya se tiene pero que muchas veces no vemos. La verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos y no sentirte triste por aquello que no tienes.

martes, 15 de julio de 2014

Nos hicieron creer que el “gran amor”, sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado. Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completarlo que nos falta. Las personas crecen a través de la gente. Si estamos en buena compañía es más agradable. Nos hicieron creer en una fórmula llamada "dos en uno": dos personas pensando igual, actuando igual... que era eso lo que funcionaba! No nos contaron que eso tiene un nombre: anulación. Que sólo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una relación saludable. Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos. Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados. Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad. No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes, y que podemos intentar otras alternativas. Ah, tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto: cada uno lo va a tener que descubrir solito. Y entonces, cuando estés “enamorado de ti mismo" podrás ser feliz y te enamorarás de Alguien. "Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor aunque la violencia se practica a plena luz del día." - John Lennon

lunes, 14 de julio de 2014

viernes, 11 de julio de 2014

Los tamaños varían conforme el grado de compromiso. Una persona es enorme para uno, cuando habla de frente y vive de acuerdo a lo que habla, cuando trata con cariño y respeto, cuando mira a los ojos y sonríe inocente. Es pequeña cuando solo piensa en si misma, y le hace creer a los otros que piensa en ellos cuando se comporta de una manera poco gentil, cuando no apoya, cuando abandona a alguien justamente en el momentoen que tendría que demostrar lo que es mas importante entre dos personas: La Amistad, el compañerismo, el cariño, el respeto, el celo y asimismo el amor. Una persona es gigante cuando se interesa por tu vida, cuando busca alternativas para tu crecimiento, cuando sueña junto contigo, cuando trata de entenderte aunque no piensen igual. Una persona es grande cuando perdona, cuando comprende, cuando se colocaen el lugar del otro, cuando obra, no de acuerdo con lo que esperan de ella, pero de acuerdo con lo que espera de si misma. Una persona es pequeña cuando se deja regir por comportamientos clichés. Cuando quiere quedar bien con todos, cuando maneja a la gente como un titiritero y lamentablemente siempre hay gente que se deja manejar. Una misma persona puede aparentar grandeza o pequeñez dentro de una relación, puede crecer o disminuir en un corto espacio de tiempo. Una decepción puede disminuir el tamaño de un amor que parecía ser grande. Una ausencia puede aumentar el tamaño de un amor que parecía ser ínfimo. Una decepción puede terminar con el respeto por alguien, una acción correcta puede enaltecer a otros. Es difícil convivir con esta elasticidad: las personas se agigantan y se encogen a nuestros ojos. Ya que nosotros no juzgamos a través de centímetros y metros, sino de acciones y reacciones, de verdades o falsedades de expectativas y frustraciones. Una persona es única al extender la mano,y al recogerla inesperadamente, se torna otra. El egoísmo unifica a los insignificantes, a los perdedores, a los falsamente llamados diplomáticos. No es la altura, ni el peso, ni la belleza ni un titulo o mucho dinero lo que convierte a una persona en grande, es su honestidad, su decencia, su amabilidad y respeto por los sentimientos e intereses de los demás. Por su sensibilidad sin tamaño.

lunes, 7 de julio de 2014

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… AUTOESTIMA. Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… AUTENTICIDAD. Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… MADUREZ. Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aun sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… RESPETO. Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… AMOR HACIA UNO MISMO. Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… SIMPLICIDAD. Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… HUMILDAD. Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… PLENITUD. Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… SABER VIVIR! No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas. Charles Chaplin.

viernes, 4 de julio de 2014

OCULTAME" Ocultame detrás de esa fingida sonrisa tus pesares Y en esas ojeras maquilladas tus noches de insomnio Ocultame las lágrimas caídas en el escudo de tu dulzura Y regalame los miedos que yacen en tu soledad. Ocultame tus inseguridades disfrazadas con orgullo Y entrégame cada mañana tus cabellos despeinados Ocultame tus malestares con sobredosis de caprichos Y brindame estar a tu lado cuando finjas ser más fuerte Ocultame tus decepciones en golpes de indiferencia Y obsequiame tu silencio mientras leo tus ojos Ocultame tus sueños puros tildados de inmaduros Y concédeme escucharlos todos, aferrado a tu mano Ocultame tus cicatrices de batallas ante la vida Y enséñame que solo eres perfecta ante mis ojos Ocultame tus temores encubiertos en tu almohada Y abrázame mientras el tiempo subyuga al destino

Me tienes en tus manos y me lees lo mismo que un libro. Sabes lo que yo ignoro y me dices las cosas que no me digo. Me aprendo en ti más que en mi mismo. Eres como un milagro de todas horas, como un dolor sin sitio. Si no fueras mujer fueras mi amigo. A veces quiero hablarte de mujeres que a un lado tuyo persigo. Eres como el perdón y yo soy como tu hijo. ¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo? ¡Qué distante te haces y qué ausente cuando a la soledad te sacrifico! Dulce como tu nombre, como un higo, me esperas en tu amor hasta que arribo. Tú eres como mi casa, eres como mi muerte, amor mío. (Jaime Sabines)

Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan. Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos. Los amorosos son la hidra del cuento. Tienen serpientes en lugar de brazos. Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos. Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos. En la oscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto. Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago. Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo. Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como una lámpara de inagotable aceite. Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente. Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas. Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida, y se van llorando, llorando, la hermosa vida. (Jaime Sabines)

jueves, 3 de julio de 2014

¿Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo ni escucharlo ni tocarlo ni olerlo ni gustarlo? ¿cómo serán los demás sin este servidor? ¿o existirán tal como yo existo sin los demás que se me fueron? sin embargo ¿por qué algunos de éstos son una foto en sepia y otros una nobe en los ojos y otros la mano de mi brazo? ¿cómo seremos todos sin nosotros? ¿qué color qué ruidos qué piel suave qué sabor qué aroma tendrá el ben(mal)dito mundo? ¿qué sentido tendrá llegar a ser protagonista del silencio? ¿vanguardia del olvido? ¿qué será del amor y el sol de las once y el crepúsculo triste sin causa valedera? ¿o acaso estas preguntas son las mismas cada vez que alguien llega a los sesenta? ya sabemos cómo es sin las respuestas mas ¿cómo será el mundo sin preguntas?

Tengo una soledad tan concurrida tan llena de nostalgias y de rostros de vos de adioses hace tiempo y besos bienvenidos de primeras de cambio y de último vagón. Tengo una soledad tan concurrida que puedo organizarla como una procesión por colores tamaños y promesas por época por tacto y por sabor. Sin temblor de más me abrazo a tus ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos. Estoy lleno de sombras de noches y deseos de risas y de alguna maldición. Mis huéspedes concurren concurren como sueños con sus rencores nuevos su falta de candor yo les pongo una escoba tras la puerta porque quiero estar solo con mi rostro de vos. Pero el rostro de vos mira a otra parte con sus ojos de amor que ya no aman como víveres que buscan su hambre miran y miran y apagan mi jornada. Las paredes se van queda la noche las nostalgias se van no queda nada. Ya mi rostro de vos cierra los ojos y es una soledad tan desolada. Mario Benedetti

miércoles, 2 de julio de 2014

Lectura para esta noche: Conversando con los niños ¿Qué es la traición? Caminando por la calle, el profeta preguntaba: -¿Acaso no somos todos hijos del mismo Padre Eterno? La multitud asentía. Y el profeta continuaba: -Entonces, ¿por qué traicionamos a nuestro hermano? Un chico que estaba presente le preguntó a su padre: -¿Qué es traicionar? -Es engañar a un compañero para sacar algún provecho. -¿Y por qué traicionamos a nuestro compañero? –insistió el chico. -Porque alguien empezó en el pasado y desde entonces nadie ha sabido cómo romper la cadena: o estamos traicionando o alguien nos está traicionando. Así siempre. -Entonces yo no voy a traicionar a nadie –dijo el chico. Y así lo hizo. Creció, recibió muchos golpes en la vida, pero cumplió su promesa. Sus hijos sufrieron menos y fueron menos castigados por la vida. Sus nietos ya nada sufrieron. Sobre los celos Cuando tenía once años, Anita fue a quejarse a su madre: -No consigo hacer amigas. Como soy muy celosa, al final todas me dejan sola. La madre estaba cuidando a unos pollitos recién nacidos. Anita cogió uno, que inmediatamente comenzó a luchar para libertarse. Cuanto más lo apretaba la niña en su mano, más se debatía el pollito. La madre comentó: -¿Por qué no pruebas a sostenerlo con suavidad? Anita obedeció. Abrió las manos, y el pollito paró de debatirse. Empezó a acariciarlo muy suavemente, y el animalito se arrellanó entre sus dedos. -Los seres humanos también son así –dijo la madre. –Si lo que quieres es atraparlos sea como sea, se te escapan. Pero si eres dulce con ellos, se quedarán siempre junto a ti. Las tres cosas Chen Ziquin le preguntó al hijo de Confucio: -¿Tú padre te enseña algo que no sepamos? El otro respondió: -No. Una vez que yo estaba solo, me preguntó si leía poesía. Le respondí que no, y él me mandó que leyera algunos poemas, porque abren en el alma el camino de la inspiración divina. »En otra ocasión me preguntó si practicaba los rituales de adoración a Dios. Dije que no, y él me mandó que lo hiciera, pues el acto de adorar lograría que yo me entendiese a mí mismo. Pero nunca se puso a vigilarme para ver si lo obedecía. Una vez que Chen Ziqin se había alejado, se dijo a sí mismo: -He hecho una pregunta y he obtenido tres respuestas. He aprendido algo sobre la poesía. He aprendido también sobre los rituales de adoración. Y he aprendido también que un hombre honesto nunca se preocupa por vigilar la honestidad de los otros. Detrás de la lluvia Tras cuatro años de sequía, el párroco del pequeño pueblecito reunió a todo el mundo para realizar una peregrinación a la montaña, donde realizarían una oración colectiva rogando el regreso de la lluvia. Entre el grupo, el párroco se fijó en un chico que iba todo abrigado y con impermeable. -Pero, ¿te has vuelto loco? –le preguntó-. ¡En esta región hace cinco años que no llueve, y te vas a morir de calor subiendo a la montaña! -Estoy resfriado, padre. Y si vamos a pedir a Dios que llueva, ¿se imagina cómo va a ser la vuelta? Va a caer una que lo mejor es ir preparado. En ese preciso momento, se escuchó un gran estruendo en el cielo, y comenzaron a caer las primeras gotas. La fe de un niño fue suficiente para realizar un milagro esperado por millares de personas.